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CON LOS LIBROS, PARA LOS LIBROS, POR LOS LIBROS. si tu intención es escribir, hazlo con sencillez y claridad; la elegancia déjasela al sastre...(anónimo) * * * * * * * * BLOG de Juan Yáñez, dedicado a la literatura

martes, 13 de febrero de 2018

Casa tomada Julio Cortázar


LIBROS Y LECTORES

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua
(hoy que las casas antiguas sucumben a la más
ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba
los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno,
nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo
que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho
personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana,
levantándonos a la siete, y a eso de las once yo le
dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me
iba a la cocina. Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales;
ya no quedaba nada por hacer fuera de unos pocos
platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en
la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para
mantenerla limpia. A veces llegamos a creer que era ella la
que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes
sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther an-
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tes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los
cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro,
simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria
clausura de la genealogía asentada por los bisabuelos
en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y
esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían
al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos;
o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente
antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie.
Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día
tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto,
yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en
esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era
así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno,
medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces
tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque
algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el
montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma
de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle
lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores
y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas
salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente
si había novedades en literatura francesa. Desde
1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y
de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto
qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer
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un libro, pero cuando un pulóver está terminado no se
puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de
abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas,
verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una
mercería; no tuve valor de preguntarle a Irene qué pensaba
hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida,
todos los meses llegaba la plata de los campos y el dinero
aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido,
mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las
horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas
yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde
se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa.
El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres
dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada,
la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo
con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del
ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros
dormitorios y el living central, al cual comunicaban los
dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán
con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De
manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y
pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros
dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte
más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la
puerta de roble y más allá empezaba el otro lado de la casa,
o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la
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puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la
cocina y al baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía
uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión
de un departamento de los que se edifican ahora, apenas
para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de
la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble,
salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se
junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad
limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra
cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una
ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y
entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo
sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire,
un momento después se deposita de nuevo en los muebles
y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple
y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su
dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me
ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo
hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta
al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el
comedor o la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo,
como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado
susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo
o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde
aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta
antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apo-
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yando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro
lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de
vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
–Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado
la parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos
cansados.
–¿Estás seguro?
Asentí.
–Entonces –dijo recogiendo las agujas– tendremos
que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó
un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que tejía un
chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos
dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos.
Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban
todos en la biblioteca. Irene extrañaba unas carpetas,
un par de pantuflas que tanto la abrigaban en invierno. Yo
sentía mi pipa de enebro y creo que Irene pensó en una botella
de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero
esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún
cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
–No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido
al otro lado de la casa.
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Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó
tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve
y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos
de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a
la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos
bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el
almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche.
Nos alegramos porque siempre resulta molesto tener
que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a
cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio
de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo
para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros,
pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar
la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para
matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en
sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene
que era más cómodo. A veces Irene decía:
–Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un
dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un
cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello
de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco
empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba
enseguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua
o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la gar-
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ganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes
sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros
dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche
se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar,
toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave
del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día
eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas
de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filaté-
lico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza.
En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte
tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene
cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiado
ruido de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan
en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio,
pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living,
entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta
pisábamos más despacio para no molestarnos. Yo creo
que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a
soñar en alta voz, me desvelaba enseguida).
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De
noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que
iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la
puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal
vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del
pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi
brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir
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palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando
claramente que eran de este lado de la puerta de roble,
en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba
el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la
hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos
hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre
sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y
nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
–Han tomado esta parte –dijo Irene. El tejido le colgaba
de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se
perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado
del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
–¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? –le pregunté
inútilmente.
–No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil
pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las
once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene
(yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle.
Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de
entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a
algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en
la casa, a esa hora y con la casa tomada. FIN
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Colección: Cortázar: 100 años
Fotografía: © Sara Facio
© Julio Cortázar, 1951 y herederos de Julio Cortázar
Esta licencia ha sido concedida gratuitamente por los herederos del autor.
Bestiario es un libro publicado por Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A.
de Ediciones y sus derechos están protegidos por la ley.
Av. Leandro N. Alem 720, (1001) Ciudad de Buenos Aires
www.alfaguara.com.ar
República Argentina, mayo de 2014
Cartografía Cortázar
Entre nosotros y en estos años lo que cuenta no es ser un escritor latinoamericano
sino ser, por sobre todo, un latinoamericano escritor.
Julio Cortázar, “Clases de literatura”
Cortázar lúdico: Muchos de sus textos invitan al juego. La novela Rayuela es el caso
más emblemático: desde la página inicial el autor ofrece la posibilidad de seguir
una lectura lineal u otra que se bifurca en un recorrido a los saltos. También
allí se presenta el glíglico, lenguaje e invención del amor. “Final del juego”,
“Graffiti” y “Continuidad de los parques” son otros textos que proponen esta
línea en complicidad con el lector, ya sea desde la trama, la materialidad de la
palabra, la construcción de personajes. Se trata de jugar sin solemnidad pero
de la manera más seria posible.
Cortázar político: En una de sus clases, Cortázar se refiere al impacto que su primera
visita a Cuba (1962) produjo en su concepción política del mundo. La intervención
en Nicaragua y su colaboración con la defensa de los derechos humanos, en
particular denunciando los crímenes de la dictadura en la Argentina, lo ubican
en un alto nivel de compromiso. Este posicionamiento puede rastrearse en textos
como Reunión y El libro de Manuel, sobre el que cedió derechos para solventar gastos
de defensa de los presos políticos argentinos.
Cortázar poético: Lo poético desborda su prosa. Alto el Perú, Los autonautas de la cosmopista,
Salvo el crepúsculo, Último round se apoyan en el ritmo poético. Prosa del
observatorio suma la fotografía y construye una visión poderosa que va más allá del
verso. Rayuela en su conocidísimo capítulo 7 sintetiza esta propuesta. La música
también, fundamentalmente el jazz, conduce muchos textos como “El perseguidor”,
Pameos y Meopas y nuevamente Rayuela. En todos ellos se cuela una mirada
extrañada del mundo que no se atiene a estructuras sino que las reinventa.
Cortázar cronista de su tiempo: Él nos ubica en un rol de lectoras y lectores activos
y presentes. Las referencias a las noticias, a los lugares, a los conflictos, a la
libertad de prensa son constantes en su prosa, que da cuenta de un hombre
comprometido con su tiempo, atento observador de la realidad. Así, Nicaragua
tan violentamente dulce y La vuelta al día en ochenta mundos son testimonios vitales
para la sociedad actual.

viernes, 2 de febrero de 2018




ENFOQUE LITERARIO ALBERT CAMUS

Albert Camus (1914.1960), destacado escritor francés que había nacido en Argelia. Se dedicó al pensamiento político, novelista, ensayista, periodista. Su obra más trascendente y que marca sus ideas es “El Extranjero” que se publica. en 1942. Es de una novela amena, profundamente humana,  escrita con una amenidad notable, que puede ser leída por aquellos a los que la política no les interesa. El esbozo de esta obra comenzó cuando en 1937, estuvo internado en un hospital para recuperarse de una tuberculosis. El ensayo titulado: El mito de Sísifo, es otra de las obras que es complementaria para ubicarlo dentro del existencialismo,  aunque  él ha negado esa posibilidad. En el análisis, tal visión ubica el destino humano como absurdo, y se muestra fehacientemente en dicha novela, cuyo protagonista es incapaz de participar en las pasiones comunes de la condición humana y que vive incluso su propia desgracia desde una indiferencia incomprensible
Viajó por Europa a fines de los 30¨ y se relacionó con el pensamiento de la guerra anunciada y publica unas interesantes reflexiones que introducen a Camus en el mundo de la filosofía, porque ella se hace necesaria para entender y justificar su mensaje literario.
Durante la Segunda Guerra Mundial se implicó en el belicismo del momento: militó en la Resistencia y como periodista fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, y de 1945 a 1947, fungió como  director y editorialista.  En 1947 publica novela La peste (1947) que muestra un cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes.  Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como «pasión inútil». Cuando Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de esteril y de ineficaz, Camus lo trataba de inmoral de su vinculación política de Sartre con el comunismo.
 Falleció a los 46 años en un accidente de automóvil. en extrañas circunstancias que hoy salen a luz. Infobae nos informa que  el pasado agosto el Corriere della Sera habló del asesinato de Albert Camus a manos de la KGB, institución que en esa  época era su (motus operandi). El diario italiano citaba al eslavista Giovanni Catelli, este citaba una entrada de los diarios del checo Jan Zabrana, y Zabrana, su encuentro con alguien próximo a la inteligencia soviética. Según esa versión, lo que fuera considerado en 1960 un accidente mortal de tráfico había sido, en el fondo, un asesinato político. Camus pagaba de ese modo su condena de la invasión soviética a Hungría y el apoyo ofrecido a Boris Pasternak para el Nobel.

sábado, 20 de enero de 2018

“Las voces del desierto” Marlo Morgan.


Días atrás encontré en una biblioteca un libro que despertó mi curiosidad. Lo pedí en préstamo y lo leí. La novela está caratulada por la biblioteca como “novela de aventuras”, se titula “Las voces del silencio” y su autora es Marlo Morgan, narra el supuesto viaje iniciático a través de Australia en compañía de un grupo de aborígenes australianos (conocido como "walkabout"), (esta última palabra significa ambulado o andado en inglés y es un rito de iniciación de los aborígenes australianos al que se someten en el periodo de la adolescencia y durante el cual viven en el desierto hasta seis meses). Según la autora los aborígenes australianos pretenden enviar, a través de ella, un mensaje a los occidentales con el objetivo de que no destruyan el planeta y modifiquen su artificial modo de vida, alejado de la espiritualidad y la naturaleza. Durante su iniciación, Marlo Morgan afirma ser testigo de curaciones rituales mediante el canto y la música.
La biografía de la autora nos dice que Marlo Morgan nació en Iowa. Estudió en la St. Agnes High School, en el Barstow Community College de la Universidad de Missouri, y en el Cleveland Chiropractic College, donde se doctoró en bioquímica y en medicina oriental. Se trasladó a Kansas City, Missouri, donde contrajo matrimonio y tuvo dos hijos. Tras 25 años de matrimonio se divorció, abandonó la carrera médica e inició su carrera como escritora.
Por supuesto la presente “novela” más se asemeja a una crónica de viaje, me resultó especialmente interesante y al terminar de leerla recabé en Internet más información y me encontré con la siguiente nota que dice así:
Esta entrada es para denunciar a este famoso Best-Seller que pretende ser una etnografía autobiográfica que nos lleva “más allá de las limitaciones del mundo occidental” y nos quiere ayudar a comprender el “contacto con la naturaleza que ha perdido el hombre de la metrópolis”.
Pues bien, este libro es completamente FICCIÓN. La señora Marlo Morgan en un arrebato de inspiración new age decidió inventarse una historia y venderla como cierta y logró venderla en 1,7 millones de dólares, acarreándole una serie de problemas a los nativos australianos que hasta la presente arrastran. Es penoso que no se haya hecho más bombo de esta desfachatez y caradura.
“En 1996 un grupo de ancianos aborígenes, indignados por este libro y el daño que estaba causando, obtuvieron una subvención del gobierno para viajar a Estados Unidos para confrontarse a Marlo Morgan y detener el rodaje de una película de Hollywood que se estaba haciendo sobre el libro. Los aborígenes obtuvieron una reacia disculpa de Marlo Morgan que yo escuché en la radio de Australia. Como ellos representaban a la gente del área a la que ella se refirió en su travesía por Australia, Morgan no tuvo más remedio que admitir que se inventó por completo la historia. Desafortunadamente, esta declaración no obtuvo mucha publicidad en los Estados Unidos. Para aquellos que aún escuchan el mensaje de Morgan por favor recordad que se trata simplemente de las reflexiones de una mujer blanca que preparó enteramente una mentira y engañó a su público admirador.”

(fuente liberfilia cinefilia-wikipedia)

lunes, 8 de enero de 2018

MACEDONIO FERNÁNDEZ


                                                Macedonio Fernández (1874-1952), Fue un escritor argentino quien aparte de sus originales escritos,  se destacan anécdotas, versos, sentencias filosóficas y metafísicas, aforismos humorísticos, que en ciertos pasajes lo avienen con los surrealistas europeos.
Estudió abogacía, se doctoró en Jurisprudencia en 1897 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde fuera condiscípulo y amigo del padre de Borges.  Durante veinticinco años Macedonio ejerció la abogacía sin demasiado entusiasmo. En 1910 fue nombrado fiscal en el Juzgado Letrado de Posadas (Misiones), donde también fue director de la biblioteca y conoció al escritor Horacio Quiroga. Durante mucho tiempo se contará como anécdota que perdió el cargo porque nunca condenó a nadie. Era un espíritu inquieto que lo llevó a participar con varios amigos en un proyecto para la fundación de una colonia socialista en la selva de Paraguay.
Como dato ilustrativo, con Macedonio al igual que otros escritores  como lo fueron Oliverio Girondo,  Alfosina Storni, Felisberto Hernández, quien fuera uruguayo,  y otros, son aquellos que no necesitan apellido, (más bien estorba) basta con el nombre de pila para identificarlos plenamente.
Fue Macedonio , autor de narraciones fantásticas que muestran su escepticismo ante la aplicación práctica de las teorías filosóficas. Su obra fue revalorizada después de que Jorge Luis Borges reconociera en él los orígenes de su narrativa. Formó parte del grupo «martinfierrista» e influyó en la obra narrativa de Leopoldo Marechal y en la poética de González Lanuza, sobre todo a través de la estrecha relación amistosa que mantuvo con ellos. En 1922 dirigió junto a Borges la segunda época de la revista Proa, que culminó en 1925. De toda su producción, tan sólo llegó a publicar apenas una, “No toda es vigilia la de los ojos abiertos” (1928). El resto de su producción literaria se editó posteriormente gracias al interés de sus amigos. Algunas de sus obras más destacadas son Papeles de recienvenido (1930), Una novela que comienza (1941), Continuación de la nada (1945), Poemas (1953) y Museo de la novela de la eterna (1967).
De los llamados escritores martinfierristas, agrupados en torno a la revista Martín Fierro, Macedonio  destaca sobre el panorama general de los años veinte. Autor de una obra de gran singularidad, es un caso claro de "escritor para escritores", pero justamente ese público de literatos lo convirtió en un clásico de las letras rioplatenses a fuerza de comentar, imitar, analizar.
Macedonio fue por sobre todo un gran conversador y a sus tertulias que comenzaban por la noche en “La Perla del Once”, de Rivadavia y Jujuy, y finalizaban al amanecer concurrían aquellos que se enriquecian intelectualmente oyéndolo hablar. Es menester considerar sus obras, verdaderos hitos de la literatura de vanguardia, como un eslabón imprescindible en la literatura argentina del siglo. Aún hoy hay mucha tela que cortar para dilucidar las consideraciones de difícil pronóstico y profundos fundamentos que se encuentran en su escritura. Esta se define como la de ningún otro escritor de su tiempo un verdadero cuestionamiento de la figura tradicional del lector. Macedonio Fernández obliga insistentemente a sus lectores a interrogarse acerca de hasta qué punto sigue siendo sostenible la división nítida entre lo real y lo aparente, o entre realidad y ficción. La propia existencia del lector y la idea de obra literaria son puestas en cuestión. Sus escritos atacan las dicotomías tradicionales de la filosofía y la vigencia de la división entre los diversos géneros literarios. En consonancia con el espíritu vanguardista que reinaba en los años veinte en casi todo el mundo occidental, puede definirse la obra de Macedonio  como una experimentación constante de las posibilidades de la prosa y el verso, que dejó marcas perdurables en la posterior narrativa argentina del siglo XX.
Ejerció desganadamente su profesión de abogado hasta que se alejó definitivamente de ella motivado por sus intereses literarios y filosóficos. En 1901 se casó con Elena de Obieta, en esos años mantuvo correspondencia con el filósofo estadounidense William James, que admiró su inédita manera de plantear la especulación filosófica en un lenguaje coloquial, abundante en detalles irónicos e incluso humorísticos.
Su primera obra poética, Suave encantamiento (1904), es un antecedente fundamental, aunque secreto, de la poesía argentina del siglo XX.

 Al morir su esposa en 1920, tras una operación quirúrgica, y los cuatro hijos que engendrara la pareja, quedaron al cuidado de abuelos y tías. Macedonio abandonó la jurisprudencia y se dedicó a vivir austeramente en pensiones del barrio Once y Tribunales. Sus únicas posesiones eran un sartén, un calentador Primus, una pava para el mate, una guitarra y una fotografía de William James. hecho que marcó un hito en su vida personal y en su trayectoria literaria; fue entonces cuando escribió la famosa elegía a su difunta esposa, Que llevó por título: Elena Bellamuerte, que se creyó perdida durante veinte años, hasta que fue recuperada por su hijo del interior de una lata de galletas y se publicó en la revista Sur, en 1941.
En 1927 se postuló como candidato a presidente de la nación. Fue un pretexto para desplegar una campaña electoral surrealista, con la complicidad de sus amigos. Fue "vencido" por Hipólito Irigoyen.  Su producción lírica apareció dispersa en publicaciones periódicas y luego se reunió en volumen, en una primera edición póstuma publicada en México en 1953.
Macedonio no se ajustó a ningún género; escribía, con exigencia, a partir de un humorismo que lo impulsaba a la fantasía, a la paradoja y a la especulación metafísica. Concebía obras de extraños títulos, de las que apenas si llegaba a escribir algunas, sin publicar casi ninguna.
En 1927 se postuló como candidato a presidente de la nación. Es un pretexto para desplegar una campaña electoral surrealista, con la complicidad de sus amigos. Fue "vencido" por Hipólito Irigoyen.
En 1947 se fue a vivir con su hijo Adolfo de Obieta, frente al Jardín Botánico.
"He logrado en toda mi obra escrita ocho o diez momentos en que, creo, dos o tres renglones conmueven la estabilidad, la unidad de alguien".
Jorge Luis Borges estuvo marcado por la escritura de Macedonio. tal como admitió públicamente en el homenaje tras su muerte: "Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio." En 1922 funda la revista literaria Proa junto con Jorge Luis Borges, a quien fascinará con su personalidad y marcará en sus obras.
Publicó su primer libro en 1928: “No todo es vigilia la de los ojos abiertos”. En sus poemas misteriosos él declara un antecedente del movimiento ultraísta y en esta primera obra se reconoce como el primer autor metafísico argentino.
La literatura macedoniana, alejada del culto a los lugares comunes, propone la antisolemnidad con la teoría y la técnica del ‘humorismo conceptual’ muy valorado por Borges, influyó en toda una generación de intelectuales, entre los que habría que contar a Julio Cortázar..al como admitió públicamente en el homenaje tras su muerte: "Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio."
Murió el 10 de febrero de 1952, a los 78 años.

Fuente: Notas reunidas de varios medios, entre ellos:  Casi Nada - WebMagazine- Indice septiembre 1998 - Indice General Temático -  http://usuarios.iponet.es/casinada/27maced2.htm-Wikipedia.

miércoles, 3 de enero de 2018

JACK LONDON (Hablando de escritores)


                                  
                                   América (EE.UU) tuvo grandes escritores, uno de ellos fue Jack London, nacido en California en 1876. Tuvo una vida dura y se hizo a sí mismo. Decía que no recordaba quien le enseñara a leer y escribir, pero a los cinco años ya poseía ambas habilidades. Recuerda haber asistido a un colegio en Alameda, antes de marcharse con unos parientes a un rancho donde trabajó duramente desde los 8 años. A los quince años no gastaba los pocos centavos que lograba reunir  para comprar caramelos u otras golosinas, sino que tomaba cerveza  y decía que “me creía un hombre hecho y derecho”. Al pasar los años adquirió la calma que templó su genio y por todo ello, confesó que sería capaz de dar cualquier cosa para recuperar una niñez perdida.
“En aquella época me sentía inmensamente desolado porque nadie de las personas que me rodeaban carecían de gustos y conocimientos literarios y  muchos no sabían ni siquiera leer y escribir”, cuenta. Prosigue diciendo:  “Sin embargo tuve un abuelo que llegó a ser escribano , más no escritor. Fue conocido y respetado como el “padre Juan” y  siempre mostró un fervoroso entusiasmo por difundir el evangelio”.
El primer libro que leyó fue “Cuentos de la Alhambra” y siguieron muchos más. La mayoría de valor poco literario, pero a poco se fue formando en el campo de las letras. Leía todo lo que cayera a sus manos  con impresionante avidez.
A partir de los 16 años se ocupó de mil oficios diferentes. Hasta fue marino y obrero en una fábrica de yute donde trabajaba más de quince horas diarias. Comienza a publicar y obtener alguna paga por sus trabajos, después de muchos avatares logra en 1900 publicar su primer libro. Pasan los años y se convierte en un escritor reconocido cuando cumple 25 años de edad.
Escribe durante 19 horas y eso significa 7.000 palabras diarias. En 1903 se publica su novela más trascendente, El llamado de la Selva”, que se convierte en un gran éxito. Recauda mucho dinero, en 6 meses se vendieron más de un millón de ejemplares. Sin embargo el escritor recibe solo 2 mil dólares  que el editor paga por los derechos del manuscrito  por adelantado.
 En esta época Jack London a pesar de ser un hombre de fortuna y gastar de acuerdo a ello, se autodefine como socialista. Planifica un viaje con una nave propia que le costara más de cincuenta mil  dólares. Mal construida casi naufraga en un viaje de prueba. Al fin reparada, realiza el crucero planificado que solo dura 2 años, soportando tormentas y mal tiempo en el océano Pacífico. Durante la travesía escribe una novela autobiográfica: “Martin Eden” que la crítica considera su mejor obra. Asimismo escribe “La travesía del Snark”.
Durante 1913 a 1915 se abre una nueva época como escritor. Produce “John Barleycorn”, que describe su vida como alcohólico. Gana mucho dinero con los diarios de grandes tirajes las cuales le encargan reportajes entre otros sobre combates de box y por la invasión yanqui en Veracruz.

Llegamos a 1916, cuando el escritor ya cuenta apenas 40 años, aunque muy deteriorado de salud. Lo aqueja principalmente una fatal uremia que le provoca un persistente sufrimiento. Utiliza narcóticos para soportar los dolores y la posibilidad de dormir y descansar.  Una noche de noviembre cuando soporta un intenso ataque que acaba con un frasco de pastillas, una mortifica dosis que el organismo no soporta.  La muerte lo sorprende dormido, quizás al igual que en “El llamado de la selva”, cuando el viejo lobo protagonista, ya enfermo y desahuciado sueña cuando joven y fuerte dirige la marcha de la manada. 

fuente: Marco A. Pulido

martes, 19 de diciembre de 2017

MIGUEL CANÉ (1851-1905)



                                   Se le recuerda especialmente por ser el autor de “Juvenilia”, el recordado libro de nuestra juventud.
¿Quién de los de nuestra generación y educación no ha leído este libro con el mayor cariño y emoción. Como bien sabemos fue Miguel Cané estudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires, quien fuera su nostálgico  escenario de su libro. Actualmente el lugar es el paseo histórico de la "Manzana de las Luces"), en la época en que era un internado de varones, durante la dirección del canónigo Eusebio Agüero y como alumno del profesor francés Amadeo Jacques.
Fue sobre todo político, funcionario público, luego de graduarse de abogado, cumple su función pública con la  mejor disposición en aquellos tiempos de Sarmiento o Mitre, estructuraban la organización nacional. Fue funcionario parlamentario de fundamento. Ministro plenipotenciario en varios gobiernos extranjeros. Fue el primer decano de la Facultad de filosofía y letras. Secretario de estado como ministro del Interior y de Relaciones Exteriores.
Desempeñó muchos cargos y lo hizo con la mayor responsabilidad y vocación de servicio. Tuvo una firme aptitud para la literatura, una de las plumas más representativas de la Generación del 80 de la Literatura argentina, la más preciada de su personalidad, que cultivó  cuando le sobrara tiempo en sus ocupaciones públicas.  Fue hijo de Miguel Toribio Cané Andrade y Eufemia Casares Morales, ambos porteños, y nació en Montevideo en 1851, durante la expatriación de su familia. A los dos años de edad llegó a Buenos Aires con su familia, poco después de la caída de Juan Manuel de Rosas.

Es de destacar su excelente traducción del clásico de Shakespeare, “Enrique IV”. Murió joven, seguramente sin dar lo mejor de sus valores intelectuales y artísticos. 

sábado, 2 de diciembre de 2017

Jorge Luis Borges

Unas palabras sobre escritores
Jorge Luis Borges
Este gran poeta, este gran inquisidor filosófico-literario, este gran cuentista urdidor de ficciones geniales sorprende por una obra de plenitud total, que incluye un íntegro esteticismo. Nacido en Buenos Aires en 1899, fallecido en Ginebra en 1986; mostró ser un erudito de excepción. Dominaba la literatura clásica y moderna, la ciencia, la filosofía y lo mismo inquiere en lo vernáculo y en lo universal. Es probablemente el escritor más argentino entre los escritores argentinos. Nunca dejó de utilizar el pronombre de la segunda persona  “vos” y no el “tu”,  a la usanza tradicional de su país en los diálogos literarios y en los personales. Algunos lo tildaban de extranjerizante de modo suspicaz, por mostrarse como un literato puro, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y al pensamiento universal.
Galardonado con numerosos premios, Borges fue también un personaje políticamente polémico, con posturas de corte conservador (derechista) que le ganó enemigos y de igual forma fueron obstáculo para ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años.
Partiendo de esa actitud humana y estética ha elaborado una obra literaria que bien se ha comparado a un inmenso tablero de ajedrez en donde se confunden arrabales porteños (de Buenos Aires), personajes alemanes, escandinavos, o de cualquier otra nacionalidad. También encontramos en su escritura complicaciones metafísicas, guapos orilleros, angustias kafkianas, laberintos policiáticos.
El artífice de las poesías de humilde criollismo arquitecturado en una imagen universal está presente en “Fervor de Buenos Aires“; Cuaderno San Martín”; "El hacedor". Es una lírica formada de aventuras espirituales, de audacias poéticas, paradoja de originalidades formales y esenciales.
También fue ensayista: “Evaristo Carriego”, “Inquisiciones”, “Otras inquisiciones”, “El Martín Fierro”, que desparramó erudición y también dio cátedra a su generación y a los más jóvenes.
El antólogo que fijó valores y derribó fronteras de mitos y prejuicios y por sobre todo el cuentista sin par de “Historia universal de la infamia”, “Ficciones”, “El Aleph”, “La muerte y la brújula”.
Esos preciosos volúmenes de impecable dialéctica donde relucen las constelaciones de cuentos perfectos como “El hombre de la esquina rosada”, “Funes el memorioso”, “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Borges no es un escritor como la mayoría que adquiera una habilidad y la ejerza; Borges es el caso más agudo de conciencia literaria escrupulosa.
Nadie como él ha creado un estilo tan estilístico, --son palabras de Amado Alonso-- uno en que tanto resalte la singularidad del hombre en el riguroso engranaje con que se desarrolla el ayuntamiento de las palabras en cada vocablo.
Sin lugar a dudas fue el escritor necesario para mantener el arte de la escritura en su honroso sitial.