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CON LOS LIBROS, PARA LOS LIBROS, POR LOS LIBROS. si tu intención es escribir, hazlo con sencillez y claridad; la elegancia déjasela al sastre...(anónimo) * * * * * * * * BLOG de Juan Yáñez, dedicado a la literatura

viernes, 2 de febrero de 2018




ENFOQUE LITERARIO ALBERT CAMUS

Albert Camus (1914.1960), destacado escritor francés que había nacido en Argelia. Se dedicó al pensamiento político, novelista, ensayista, periodista. Su obra más trascendente y que marca sus ideas es “El Extranjero” que se publica. en 1942. Es de una novela amena, profundamente humana,  escrita con una amenidad notable, que puede ser leída por aquellos a los que la política no les interesa. El esbozo de esta obra comenzó cuando en 1937, estuvo internado en un hospital para recuperarse de una tuberculosis. El ensayo titulado: El mito de Sísifo, es otra de las obras que es complementaria para ubicarlo dentro del existencialismo,  aunque  él ha negado esa posibilidad. En el análisis, tal visión ubica el destino humano como absurdo, y se muestra fehacientemente en dicha novela, cuyo protagonista es incapaz de participar en las pasiones comunes de la condición humana y que vive incluso su propia desgracia desde una indiferencia incomprensible
Viajó por Europa a fines de los 30¨ y se relacionó con el pensamiento de la guerra anunciada y publica unas interesantes reflexiones que introducen a Camus en el mundo de la filosofía, porque ella se hace necesaria para entender y justificar su mensaje literario.
Durante la Segunda Guerra Mundial se implicó en el belicismo del momento: militó en la Resistencia y como periodista fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, y de 1945 a 1947, fungió como  director y editorialista.  En 1947 publica novela La peste (1947) que muestra un cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes.  Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como «pasión inútil». Cuando Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de esteril y de ineficaz, Camus lo trataba de inmoral de su vinculación política de Sartre con el comunismo.
 Falleció a los 46 años en un accidente de automóvil. en extrañas circunstancias que hoy salen a luz. Infobae nos informa que  el pasado agosto el Corriere della Sera habló del asesinato de Albert Camus a manos de la KGB, institución que en esa  época era su (motus operandi). El diario italiano citaba al eslavista Giovanni Catelli, este citaba una entrada de los diarios del checo Jan Zabrana, y Zabrana, su encuentro con alguien próximo a la inteligencia soviética. Según esa versión, lo que fuera considerado en 1960 un accidente mortal de tráfico había sido, en el fondo, un asesinato político. Camus pagaba de ese modo su condena de la invasión soviética a Hungría y el apoyo ofrecido a Boris Pasternak para el Nobel.

sábado, 20 de enero de 2018

“Las voces del desierto” Marlo Morgan.


Días atrás encontré en una biblioteca un libro que despertó mi curiosidad. Lo pedí en préstamo y lo leí. La novela está caratulada por la biblioteca como “novela de aventuras”, se titula “Las voces del silencio” y su autora es Marlo Morgan, narra el supuesto viaje iniciático a través de Australia en compañía de un grupo de aborígenes australianos (conocido como "walkabout"), (esta última palabra significa ambulado o andado en inglés y es un rito de iniciación de los aborígenes australianos al que se someten en el periodo de la adolescencia y durante el cual viven en el desierto hasta seis meses). Según la autora los aborígenes australianos pretenden enviar, a través de ella, un mensaje a los occidentales con el objetivo de que no destruyan el planeta y modifiquen su artificial modo de vida, alejado de la espiritualidad y la naturaleza. Durante su iniciación, Marlo Morgan afirma ser testigo de curaciones rituales mediante el canto y la música.
La biografía de la autora nos dice que Marlo Morgan nació en Iowa. Estudió en la St. Agnes High School, en el Barstow Community College de la Universidad de Missouri, y en el Cleveland Chiropractic College, donde se doctoró en bioquímica y en medicina oriental. Se trasladó a Kansas City, Missouri, donde contrajo matrimonio y tuvo dos hijos. Tras 25 años de matrimonio se divorció, abandonó la carrera médica e inició su carrera como escritora.
Por supuesto la presente “novela” más se asemeja a una crónica de viaje, me resultó especialmente interesante y al terminar de leerla recabé en Internet más información y me encontré con la siguiente nota que dice así:
Esta entrada es para denunciar a este famoso Best-Seller que pretende ser una etnografía autobiográfica que nos lleva “más allá de las limitaciones del mundo occidental” y nos quiere ayudar a comprender el “contacto con la naturaleza que ha perdido el hombre de la metrópolis”.
Pues bien, este libro es completamente FICCIÓN. La señora Marlo Morgan en un arrebato de inspiración new age decidió inventarse una historia y venderla como cierta y logró venderla en 1,7 millones de dólares, acarreándole una serie de problemas a los nativos australianos que hasta la presente arrastran. Es penoso que no se haya hecho más bombo de esta desfachatez y caradura.
“En 1996 un grupo de ancianos aborígenes, indignados por este libro y el daño que estaba causando, obtuvieron una subvención del gobierno para viajar a Estados Unidos para confrontarse a Marlo Morgan y detener el rodaje de una película de Hollywood que se estaba haciendo sobre el libro. Los aborígenes obtuvieron una reacia disculpa de Marlo Morgan que yo escuché en la radio de Australia. Como ellos representaban a la gente del área a la que ella se refirió en su travesía por Australia, Morgan no tuvo más remedio que admitir que se inventó por completo la historia. Desafortunadamente, esta declaración no obtuvo mucha publicidad en los Estados Unidos. Para aquellos que aún escuchan el mensaje de Morgan por favor recordad que se trata simplemente de las reflexiones de una mujer blanca que preparó enteramente una mentira y engañó a su público admirador.”

(fuente liberfilia cinefilia-wikipedia)

lunes, 8 de enero de 2018

MACEDONIO FERNÁNDEZ


                                                Macedonio Fernández (1874-1952), Fue un escritor argentino quien aparte de sus originales escritos,  se destacan anécdotas, versos, sentencias filosóficas y metafísicas, aforismos humorísticos, que en ciertos pasajes lo avienen con los surrealistas europeos.
Estudió abogacía, se doctoró en Jurisprudencia en 1897 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde fuera condiscípulo y amigo del padre de Borges.  Durante veinticinco años Macedonio ejerció la abogacía sin demasiado entusiasmo. En 1910 fue nombrado fiscal en el Juzgado Letrado de Posadas (Misiones), donde también fue director de la biblioteca y conoció al escritor Horacio Quiroga. Durante mucho tiempo se contará como anécdota que perdió el cargo porque nunca condenó a nadie. Era un espíritu inquieto que lo llevó a participar con varios amigos en un proyecto para la fundación de una colonia socialista en la selva de Paraguay.
Como dato ilustrativo, con Macedonio al igual que otros escritores  como lo fueron Oliverio Girondo,  Alfosina Storni, Felisberto Hernández, quien fuera uruguayo,  y otros, son aquellos que no necesitan apellido, (más bien estorba) basta con el nombre de pila para identificarlos plenamente.
Fue Macedonio , autor de narraciones fantásticas que muestran su escepticismo ante la aplicación práctica de las teorías filosóficas. Su obra fue revalorizada después de que Jorge Luis Borges reconociera en él los orígenes de su narrativa. Formó parte del grupo «martinfierrista» e influyó en la obra narrativa de Leopoldo Marechal y en la poética de González Lanuza, sobre todo a través de la estrecha relación amistosa que mantuvo con ellos. En 1922 dirigió junto a Borges la segunda época de la revista Proa, que culminó en 1925. De toda su producción, tan sólo llegó a publicar apenas una, “No toda es vigilia la de los ojos abiertos” (1928). El resto de su producción literaria se editó posteriormente gracias al interés de sus amigos. Algunas de sus obras más destacadas son Papeles de recienvenido (1930), Una novela que comienza (1941), Continuación de la nada (1945), Poemas (1953) y Museo de la novela de la eterna (1967).
De los llamados escritores martinfierristas, agrupados en torno a la revista Martín Fierro, Macedonio  destaca sobre el panorama general de los años veinte. Autor de una obra de gran singularidad, es un caso claro de "escritor para escritores", pero justamente ese público de literatos lo convirtió en un clásico de las letras rioplatenses a fuerza de comentar, imitar, analizar.
Macedonio fue por sobre todo un gran conversador y a sus tertulias que comenzaban por la noche en “La Perla del Once”, de Rivadavia y Jujuy, y finalizaban al amanecer concurrían aquellos que se enriquecian intelectualmente oyéndolo hablar. Es menester considerar sus obras, verdaderos hitos de la literatura de vanguardia, como un eslabón imprescindible en la literatura argentina del siglo. Aún hoy hay mucha tela que cortar para dilucidar las consideraciones de difícil pronóstico y profundos fundamentos que se encuentran en su escritura. Esta se define como la de ningún otro escritor de su tiempo un verdadero cuestionamiento de la figura tradicional del lector. Macedonio Fernández obliga insistentemente a sus lectores a interrogarse acerca de hasta qué punto sigue siendo sostenible la división nítida entre lo real y lo aparente, o entre realidad y ficción. La propia existencia del lector y la idea de obra literaria son puestas en cuestión. Sus escritos atacan las dicotomías tradicionales de la filosofía y la vigencia de la división entre los diversos géneros literarios. En consonancia con el espíritu vanguardista que reinaba en los años veinte en casi todo el mundo occidental, puede definirse la obra de Macedonio  como una experimentación constante de las posibilidades de la prosa y el verso, que dejó marcas perdurables en la posterior narrativa argentina del siglo XX.
Ejerció desganadamente su profesión de abogado hasta que se alejó definitivamente de ella motivado por sus intereses literarios y filosóficos. En 1901 se casó con Elena de Obieta, en esos años mantuvo correspondencia con el filósofo estadounidense William James, que admiró su inédita manera de plantear la especulación filosófica en un lenguaje coloquial, abundante en detalles irónicos e incluso humorísticos.
Su primera obra poética, Suave encantamiento (1904), es un antecedente fundamental, aunque secreto, de la poesía argentina del siglo XX.

 Al morir su esposa en 1920, tras una operación quirúrgica, y los cuatro hijos que engendrara la pareja, quedaron al cuidado de abuelos y tías. Macedonio abandonó la jurisprudencia y se dedicó a vivir austeramente en pensiones del barrio Once y Tribunales. Sus únicas posesiones eran un sartén, un calentador Primus, una pava para el mate, una guitarra y una fotografía de William James. hecho que marcó un hito en su vida personal y en su trayectoria literaria; fue entonces cuando escribió la famosa elegía a su difunta esposa, Que llevó por título: Elena Bellamuerte, que se creyó perdida durante veinte años, hasta que fue recuperada por su hijo del interior de una lata de galletas y se publicó en la revista Sur, en 1941.
En 1927 se postuló como candidato a presidente de la nación. Fue un pretexto para desplegar una campaña electoral surrealista, con la complicidad de sus amigos. Fue "vencido" por Hipólito Irigoyen.  Su producción lírica apareció dispersa en publicaciones periódicas y luego se reunió en volumen, en una primera edición póstuma publicada en México en 1953.
Macedonio no se ajustó a ningún género; escribía, con exigencia, a partir de un humorismo que lo impulsaba a la fantasía, a la paradoja y a la especulación metafísica. Concebía obras de extraños títulos, de las que apenas si llegaba a escribir algunas, sin publicar casi ninguna.
En 1927 se postuló como candidato a presidente de la nación. Es un pretexto para desplegar una campaña electoral surrealista, con la complicidad de sus amigos. Fue "vencido" por Hipólito Irigoyen.
En 1947 se fue a vivir con su hijo Adolfo de Obieta, frente al Jardín Botánico.
"He logrado en toda mi obra escrita ocho o diez momentos en que, creo, dos o tres renglones conmueven la estabilidad, la unidad de alguien".
Jorge Luis Borges estuvo marcado por la escritura de Macedonio. tal como admitió públicamente en el homenaje tras su muerte: "Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio." En 1922 funda la revista literaria Proa junto con Jorge Luis Borges, a quien fascinará con su personalidad y marcará en sus obras.
Publicó su primer libro en 1928: “No todo es vigilia la de los ojos abiertos”. En sus poemas misteriosos él declara un antecedente del movimiento ultraísta y en esta primera obra se reconoce como el primer autor metafísico argentino.
La literatura macedoniana, alejada del culto a los lugares comunes, propone la antisolemnidad con la teoría y la técnica del ‘humorismo conceptual’ muy valorado por Borges, influyó en toda una generación de intelectuales, entre los que habría que contar a Julio Cortázar..al como admitió públicamente en el homenaje tras su muerte: "Yo por aquellos años lo imité, hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio."
Murió el 10 de febrero de 1952, a los 78 años.

Fuente: Notas reunidas de varios medios, entre ellos:  Casi Nada - WebMagazine- Indice septiembre 1998 - Indice General Temático -  http://usuarios.iponet.es/casinada/27maced2.htm-Wikipedia.

miércoles, 3 de enero de 2018

JACK LONDON (Hablando de escritores)


                                  
                                   América (EE.UU) tuvo grandes escritores, uno de ellos fue Jack London, nacido en California en 1876. Tuvo una vida dura y se hizo a sí mismo. Decía que no recordaba quien le enseñara a leer y escribir, pero a los cinco años ya poseía ambas habilidades. Recuerda haber asistido a un colegio en Alameda, antes de marcharse con unos parientes a un rancho donde trabajó duramente desde los 8 años. A los quince años no gastaba los pocos centavos que lograba reunir  para comprar caramelos u otras golosinas, sino que tomaba cerveza  y decía que “me creía un hombre hecho y derecho”. Al pasar los años adquirió la calma que templó su genio y por todo ello, confesó que sería capaz de dar cualquier cosa para recuperar una niñez perdida.
“En aquella época me sentía inmensamente desolado porque nadie de las personas que me rodeaban carecían de gustos y conocimientos literarios y  muchos no sabían ni siquiera leer y escribir”, cuenta. Prosigue diciendo:  “Sin embargo tuve un abuelo que llegó a ser escribano , más no escritor. Fue conocido y respetado como el “padre Juan” y  siempre mostró un fervoroso entusiasmo por difundir el evangelio”.
El primer libro que leyó fue “Cuentos de la Alhambra” y siguieron muchos más. La mayoría de valor poco literario, pero a poco se fue formando en el campo de las letras. Leía todo lo que cayera a sus manos  con impresionante avidez.
A partir de los 16 años se ocupó de mil oficios diferentes. Hasta fue marino y obrero en una fábrica de yute donde trabajaba más de quince horas diarias. Comienza a publicar y obtener alguna paga por sus trabajos, después de muchos avatares logra en 1900 publicar su primer libro. Pasan los años y se convierte en un escritor reconocido cuando cumple 25 años de edad.
Escribe durante 19 horas y eso significa 7.000 palabras diarias. En 1903 se publica su novela más trascendente, El llamado de la Selva”, que se convierte en un gran éxito. Recauda mucho dinero, en 6 meses se vendieron más de un millón de ejemplares. Sin embargo el escritor recibe solo 2 mil dólares  que el editor paga por los derechos del manuscrito  por adelantado.
 En esta época Jack London a pesar de ser un hombre de fortuna y gastar de acuerdo a ello, se autodefine como socialista. Planifica un viaje con una nave propia que le costara más de cincuenta mil  dólares. Mal construida casi naufraga en un viaje de prueba. Al fin reparada, realiza el crucero planificado que solo dura 2 años, soportando tormentas y mal tiempo en el océano Pacífico. Durante la travesía escribe una novela autobiográfica: “Martin Eden” que la crítica considera su mejor obra. Asimismo escribe “La travesía del Snark”.
Durante 1913 a 1915 se abre una nueva época como escritor. Produce “John Barleycorn”, que describe su vida como alcohólico. Gana mucho dinero con los diarios de grandes tirajes las cuales le encargan reportajes entre otros sobre combates de box y por la invasión yanqui en Veracruz.

Llegamos a 1916, cuando el escritor ya cuenta apenas 40 años, aunque muy deteriorado de salud. Lo aqueja principalmente una fatal uremia que le provoca un persistente sufrimiento. Utiliza narcóticos para soportar los dolores y la posibilidad de dormir y descansar.  Una noche de noviembre cuando soporta un intenso ataque que acaba con un frasco de pastillas, una mortifica dosis que el organismo no soporta.  La muerte lo sorprende dormido, quizás al igual que en “El llamado de la selva”, cuando el viejo lobo protagonista, ya enfermo y desahuciado sueña cuando joven y fuerte dirige la marcha de la manada. 

fuente: Marco A. Pulido

martes, 19 de diciembre de 2017

MIGUEL CANÉ (1851-1905)



                                   Se le recuerda especialmente por ser el autor de “Juvenilia”, el recordado libro de nuestra juventud.
¿Quién de los de nuestra generación y educación no ha leído este libro con el mayor cariño y emoción. Como bien sabemos fue Miguel Cané estudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires, quien fuera su nostálgico  escenario de su libro. Actualmente el lugar es el paseo histórico de la "Manzana de las Luces"), en la época en que era un internado de varones, durante la dirección del canónigo Eusebio Agüero y como alumno del profesor francés Amadeo Jacques.
Fue sobre todo político, funcionario público, luego de graduarse de abogado, cumple su función pública con la  mejor disposición en aquellos tiempos de Sarmiento o Mitre, estructuraban la organización nacional. Fue funcionario parlamentario de fundamento. Ministro plenipotenciario en varios gobiernos extranjeros. Fue el primer decano de la Facultad de filosofía y letras. Secretario de estado como ministro del Interior y de Relaciones Exteriores.
Desempeñó muchos cargos y lo hizo con la mayor responsabilidad y vocación de servicio. Tuvo una firme aptitud para la literatura, una de las plumas más representativas de la Generación del 80 de la Literatura argentina, la más preciada de su personalidad, que cultivó  cuando le sobrara tiempo en sus ocupaciones públicas.  Fue hijo de Miguel Toribio Cané Andrade y Eufemia Casares Morales, ambos porteños, y nació en Montevideo en 1851, durante la expatriación de su familia. A los dos años de edad llegó a Buenos Aires con su familia, poco después de la caída de Juan Manuel de Rosas.

Es de destacar su excelente traducción del clásico de Shakespeare, “Enrique IV”. Murió joven, seguramente sin dar lo mejor de sus valores intelectuales y artísticos. 

sábado, 2 de diciembre de 2017

Jorge Luis Borges

Unas palabras sobre escritores
Jorge Luis Borges
Este gran poeta, este gran inquisidor filosófico-literario, este gran cuentista urdidor de ficciones geniales sorprende por una obra de plenitud total, que incluye un íntegro esteticismo. Nacido en Buenos Aires en 1899, fallecido en Ginebra en 1986; mostró ser un erudito de excepción. Dominaba la literatura clásica y moderna, la ciencia, la filosofía y lo mismo inquiere en lo vernáculo y en lo universal. Es probablemente el escritor más argentino entre los escritores argentinos. Nunca dejó de utilizar el pronombre de la segunda persona  “vos” y no el “tu”,  a la usanza tradicional de su país en los diálogos literarios y en los personales. Algunos lo tildaban de extranjerizante de modo suspicaz, por mostrarse como un literato puro, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y al pensamiento universal.
Galardonado con numerosos premios, Borges fue también un personaje políticamente polémico, con posturas de corte conservador (derechista) que le ganó enemigos y de igual forma fueron obstáculo para ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años.
Partiendo de esa actitud humana y estética ha elaborado una obra literaria que bien se ha comparado a un inmenso tablero de ajedrez en donde se confunden arrabales porteños (de Buenos Aires), personajes alemanes, escandinavos, o de cualquier otra nacionalidad. También encontramos en su escritura complicaciones metafísicas, guapos orilleros, angustias kafkianas, laberintos policiáticos.
El artífice de las poesías de humilde criollismo arquitecturado en una imagen universal está presente en “Fervor de Buenos Aires“; Cuaderno San Martín”; "El hacedor". Es una lírica formada de aventuras espirituales, de audacias poéticas, paradoja de originalidades formales y esenciales.
También fue ensayista: “Evaristo Carriego”, “Inquisiciones”, “Otras inquisiciones”, “El Martín Fierro”, que desparramó erudición y también dio cátedra a su generación y a los más jóvenes.
El antólogo que fijó valores y derribó fronteras de mitos y prejuicios y por sobre todo el cuentista sin par de “Historia universal de la infamia”, “Ficciones”, “El Aleph”, “La muerte y la brújula”.
Esos preciosos volúmenes de impecable dialéctica donde relucen las constelaciones de cuentos perfectos como “El hombre de la esquina rosada”, “Funes el memorioso”, “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Borges no es un escritor como la mayoría que adquiera una habilidad y la ejerza; Borges es el caso más agudo de conciencia literaria escrupulosa.
Nadie como él ha creado un estilo tan estilístico, --son palabras de Amado Alonso-- uno en que tanto resalte la singularidad del hombre en el riguroso engranaje con que se desarrolla el ayuntamiento de las palabras en cada vocablo.
Sin lugar a dudas fue el escritor necesario para mantener el arte de la escritura en su honroso sitial.

martes, 27 de septiembre de 2016

Antonio Di Benedetto. El cariño de la posteridad

Di Benedetto. Sonriente en la intimidad, como lo describieron diversos amigos.


Antonio Di Benedetto. A 30 años de su fallecimiento, lo celebran nuevas ediciones, un documental y la adaptación al cine de su gran novela “Zama”, por Lucrecia Martel.

POR MARCH MAZZEI


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La lectura de Zama, veneno irresistible
Uno que anduvo en todas
Ni pobre ni solo ni abandonado. Durante sus dos últimos años, Antonio Di Benedetto vivió en Buenos Aires rodeado de amigos que habían impulsado su regreso en 1984, después de seis años de exilio. A pesar de la leyenda que circuló durante mucho tiempo, de que había muerto en estado de miseria –se llegó a decir que dormía debajo de las escaleras de los edificios–, atravesó un período de sosiego. Trabajó durante un año en la Secretaría de Cultura del alfonsinismo y luego en la Casa de Mendoza. Era socio del Cineclub Núcleo, participaba de talleres literarios como invitado, daba charlas en universidades y semana a semana recibía pedidos de entrevistas –de Jorge Urien Berri a Jorge Lanata– y llamados telefónicos de admiradoras fervorosas. Di Benedetto ya era, desde luego, el reconocido autor de las novelas Zama , El silenciero y Los suicidas , y de los cuentos de El juicio de Dios , El cariño de los tontos y Caballo en el salitral . Obras que lo ubicaron en el canon argentino y cuya vitalidad evidencian frecuentes reediciones y, a 60 años de su primera publicación, la adaptación al cine de Zama , la esperada película de Lucrecia Martel, hoy en etapa de posproducción.

Los detalles del final de su vida surgen del testimonio de la hermana de su última mujer, Graciela Lucero, 25 años menor y “casi su secretaria” cuando Di Benedetto ocupó el escritorio de asesor de cultura en la Casa de Mendoza. “Él estaba en el departamento que le habían prestado unos amigos en Laprida y Las Heras, y Graciela vivía conmigo en Libertador y Callao, así que caminando ida y vuelta esas 15 cuadras compartían los días”, relata Cristina Lucero, testigo privilegiada de aquellos días. La hermana mayor confidente admite que esta relación, de la que los padres nunca supieron, no era bien vista por sus hermanos varones, que nunca habían oído hablar del escritor. Era un secreto que la pareja también guardó frente a sus compañeros de trabajo. Sin embargo, compartían una nutrida vida social y literaria. Las fotos de las tertulias en la casa de su amigo Juan Jacobo Bajarlía, o en lo de Nicolás Sarquís (cineasta que no logró terminar su versión de Zama ), no pueden disimular el encantamiento entre ellos. Allí, Di Benedetto acaparaba la atención y respondía en sus medios tonos a las inquietudes, aunque evitaban preguntarle por la cárcel.

Desde una perspectiva íntima, el testimonio de Cristina estará incluido en Tras la sombra de Di Benedetto . Este y el volumen de 800 páginas de Escritos periodísticos (1943-1986) , además de un nuevo documental, son otros tributos a la vida y obra de un autor insoslayable en lengua castellana, a 40 años de su secuestro y encarcelamiento ilegal por parte de la dictadura militar instaurada en 1976, y a 30 años de su fallecimiento.

Las conexiones entre ese hombre que sentado en la sala de su departamento en Libertador, copa de vino en mano, le aseguraba que la relación con su hermana “iba en serio”, y el Antonio Di Benedetto que es parte de la historia de la literatura argentina, aparecieron con el tiempo. Recién con la muerte de su hermana, en la década del 90, al leer las entrevistas y los estudios críticos, Cristina Lucero encontró una síntesis entre el hombre y el artista, una coherencia. Y todo fue casual: Graciela Lucero no había abierto las cajas que quedaron en su departamento después de la muerte de Di Benedetto. “Mi hermana nunca quiso hacerlo, porque le revolvía el alma, como decía”. Ahí encontró lo que la pareja había guardado, lo que los amigos le hacían llegar: correspondencia con universidades extranjeras y editores, manuscritos, fotos y cartas personales. Ese material sigue dando pistas.

Di Benedetto tenía 54 años cuando fue secuestrado y 64 cuando murió. La misma noche del 24 de marzo de 1976, el vicedirector del diario Los Andes que había construido una sólida carrera literaria –ya había publicado sus principales libros– se convirtió en el primer escritor detenido por la dictadura. Compartía los primeros días con sus colegas en una celda del Liceo Militar General Espejo. Pero nadie nunca lo visitó en la cárcel de Mendoza. Sólo un par de amigos en La Plata, donde había sido trasladado. Los mecanismos del miedo y la cobardía se activaron y perdió todo contacto con su familia.

De los papeles encontrados emergen detalles dolorosos. Al día siguiente de su secuestro, la patrulla que irrumpió en su casa en busca de evidencias que lo vincularan con alguna organización armada vació armarios repletos de libros y cartas. Entre las cartas su esposa descubre la prueba del delito: las de una cordobesa que moría de amor por él apuntalaron la decisión de quebrar el vínculo. Pero había más: un documento dirigido a la Caja Nacional de Previsión podría ser la respuesta a la sensación de que el diario Los Andes le había “soltado la mano”. Durante los primeros días de detención, le hicieron firmar la renuncia a todos los empleados encarcelados, aparentemente bajo promesa de continuar pagándoles el sueldo a las familias. También aparece la carta en papel envejecido en la que Di Benedetto, ya en Buenos Aires, solicita su jubilación por los años de aporte como periodista, con detalles, de su propia mano, de las condiciones de detención y las torturas. Burocracia mediante, al final llegó el benefició, pero ya estaba internado, sin conocimiento, y ni siquiera se enteró.

En estos días de homenajes surge una nueva versión sobre su detención. El libro Antonio Di Benedetto, periodista explica que el escritor había publicado, a partir de 1972, notas sobre la represión policial y los atentados de grupos parapoliciales, fotos de presos e información acerca de procedimientos irregulares, desafiando a la censura. Los testimonios de sus compañeros de detención avalaron por años esta versión. Otra explicación, con estatus de rumor, sugiere que una frase a propósito de la llegada de los militares al poder, en medio de una charla informal de la “mesa de los galanes” de la que formaba parte, lo habría destinado al calvario y al destierro. Entre las dos posiciones se debate el mito del intelectual detenido arbitrariamente y el periodista comprometido que desafió la censura.

Para Di Benedetto el golpe militar significó el paso de una vida acomodada a la desprotección absoluta. Dejó su casa para nunca más volver. Perdió sus papeles, las notas de conferencias sobre literatura fantástica que había dado en 1955 en la Biblioteca Nacional, invitado por Borges, y todos sus recortes. Ni una camisa, ni una lapicera se llevó al encierro. Al exilio partió con una valija ajena, ropa prestada y un boleto de avión que había ganado en un concurso. Gracias a las presiones internacionales encabezadas por el Premio Nobel Heinrich Böll, e impulsadas por Adelma Petroni, Sabato, Victoria Ocampo, y por editoriales del Buenos Aires Herald que dirigía Robert Cox, Di Benedetto recuperó la libertad tras 17 meses y 7 días.

De sus días de encierro quedaron los relatos de Absurdos , editado en España en 1979, y una sensación de desprotección física como secuela de la tortura. El libro se escribió a partir de papelitos que les hacía llegar a Petroni, Rodolfo Braceli y Abelardo Arias. Los rastros que dejó esa década en su cuerpo fueron imborrables. Sufrió cuatro simulacros de fusilamiento y golpes en la cabeza, todos los días a la misma hora. Aunque siguiera escribiendo en los años 80, no puede sorprender su envejecimiento temprano y una visible dificultad al caminar. “En su baúl traía el haber sido preso de la dictadura –admite Cristina Lucero– y era un baúl que no podía abrir con cualquiera, y eso le provocó una especie de auto-exilio”.

Con la recuperación de la democracia, varios escritores pero en especial Ernesto Sabato con la promesa de un puesto, comienzan a convencerlo de que volviera. El mismo día que regresa a la Argentina, se había organizado un homenaje en el Centro Cultural San Martín, con Enrique Molina, Juan Carlos Martini, Jorge Lafforgue, Lito Cruz y Manuel Antín. Un grupo de escritores, entre los que se encontraba Ricardo Piglia, lo recibe en el aeropuerto y lo llevan directo a la calle Corrientes. Nicolás Sarquís se había ocupado de que su hija Luz llegara desde Mendoza: fue la primera vez que se encontraron desde el día del golpe de estado y el secuestro. Graciela Lucero dejó un testimonio en un artículo publicado en La Capital de Rosario: “Su presencia encantaba, fascinaba... Contrariamente a lo que se recuerda de Antonio, sólo al pensarlo se me dibuja una sonrisa”. Para definirlo, eligió cuatro palabras: “magia, juego, picardía y juventud. Para mí era tan joven, tan pícaro. Nadie ha escrito sobre su gran arte de seducción, en eso también era un maestro. Él lo sabía y se divertía mucho con sus acertados piropos”.


Periodistas mendocinos se hicieron eco del abandono de su tumba. Durante este año, los restos de Antonio Di Benedetto, que hasta la fecha permanecían en el subsuelo del panteón de periodistas en el cementerio de Las Heras, sin siquiera una placa recordatoria, serán trasladados al sector de Personalidades Ilustres en la capital mendocina. Cuando Graciela Lucero le contó, susurrándole al oído en su cama del Hospital Italiano de Buenos Aires, que la Universidad de Cuyo le había otorgado un título Honoris Causa, el autor de Sombras, nada más soltó su última lágrima.