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CON LOS LIBROS, PARA LOS LIBROS, POR LOS LIBROS. si tu intención es escribir, hazlo con sencillez y claridad; la elegancia déjasela al sastre...(anónimo) * * * * * * * * BLOG de Juan Yáñez, dedicado a la literatura

miércoles, 29 de abril de 2015

Fidel Castro traicionó al Ché Guevara, según el escritor cubano Alberto Müller

Imagen del Che Guevara de 1965

EFE / BUENOS AIRES
Día 28/04/2015 - 13.30h


                                    «Che Guevara. Valgo más vivo que muerto» se presenta estos días en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires


«Sin contacto con Manila», anotó varias veces en su diario Ernesto Che Guevara antes de morir en Bolivia. Detrás de esa frase se esconde, según el veterano periodista cubano Alberto Müller, «el abandono» del líder cubano Fidel Castro al célebre guerrillero argentino.

Manila era el nombre en clave de Cuba, asegura Müller en una entrevista con motivo de la presentación de su obra «Che Guevara. Valgo más vivo que muerto» en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que se celebra estos días en la capital argentina.

El título, tomado de la supuesta frase que pronunció el «Che» Guevara cuando fue descubierto en la aldea boliviana de La Higuera, contrapone el deseo de sobrevivir del guerrillero frente a las órdenes dadas por Castro de evitar ser capturado vivo y supone otro ejemplo de las «grandes diferencias» existentes en 1967 entre ambos, según Müller.

El autor destaca que en La Habana existía una unidad guerrillera preparada para salir a rescatar a Guevara, pero «Fidel nunca autorizó el rescate» y lo abandonó a su suerte. El Che fue fusilado el 9 de octubre en la aldea boliviana de La Higuera.

«Murió de forma lamentable. Sin medicinas para el asma, sin botas sino paños en los pies, sin agua, sin comida y sin aliados», indica Müller.

Para entender la retirada de apoyo de Castro a Guevara, el periodista lleva al lector a lo que considera un punto de inflexión, la conferencia Afroasiática celebrada en Argel en 1965. A su juicio, el discurso pronunciado por el guerrillero en el encuentro supuso «un rompimiento del Che con la Unión Soviética que daña la relación de Fidel».

Guevara criticó a los soviéticos, a los que acusó, sin citarlos, de ser «cómplices de la explotación imperial» de Estados Unidos, en un momento en que el líder cubano buscaba cerrar acuerdos de colaboración militar con el Kremlin.

Según Müller, el distanciamiento entre los dos crece con el paso del tiempo, se agrava con la retirada del Congo pactada por Castro a las espaldas del Che y culmina con la misión a Bolivia, que el entrevistado considera «un suicidio inducido».

«¿Por qué Bolivia?», le preguntaría el periodista a Castro si lo tuviese delante. «La posición del Che corría en contra de los intereses de Fidel» -aventura como posible respuesta- «Se convirtió en un apestado para la revolución cubana, una piedra en el zapato».

Como varios historiadores y biógrafos del Che que consultó en su investigación, el autor subraya que el Guevara «se quería ir a Argentina, a su tierra, a liberarla» y cree que «en La Habana le inventan Bolivia». Müller descubrió que Castro había admitido dos años antes que Bolivia «no tenía condiciones para la guerrilla» y que los campesinos no necesitaban una revolución porque eran propietarios de las tierras gracias a una reforma agraria previa.

Aún así, el líder cubano envió allí a Guevara y meses después retiró el enlace con La Paz, lo que aumentó el aislamiento de los guerrilleros y empeoró su situación. «Creo que el Che tiene que haber muerto muy consciente de su traición», sentencia.

El autor se muestra convencido de que con el tiempo la Historia se encargará «de separar la revolución del Che de la de Fidel» y defiende que el primero era «más puro», «dio su vida por un ideal» y murió «con una moral intachable».

Además, conjetura que, de estar vivo, «el Che estaría más cerca de la madre Teresa de Calcuta que de Fidel» y se indignaría con la situación actual de la isla caribeña.

Müller, residente en Miami (EE.UU.), remarca que «el pueblo cubano ha sufrido mucho» en el último medio siglo y aplaude el acercamiento entre Raúl Castro y el Gobierno del presidente estadounidense, Barack Obama.


«Me parece formidable. Han sido 50 años de bloqueos y embargos sin mucha justificación. El aislamiento no debería ser nunca una política de gobierno», concluye.

miércoles, 15 de abril de 2015

Un homenaje a León Felipe, uno de los grandes poetas españoles


(León Felipe Camino; Tábara, 1884 - Ciudad de México, 1968) Poeta español. Representante de los creadores exiliados tras la Guerra Civil, sus versos poseen un talante crítico y de lucha contra las injusticias sociales. 

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá quedó su ventura
en la playa de Barcino, frente al mar.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.
¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura,
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo
y llévame a ser contigo pastor.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar ... 
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Léon Felipe inédito, colosal poeta español del éxodo y el llanto

MANUEL DE LA FUENTE / MADRID
Día 15/04/2015 -ABC

Fue profeta (casi nunca en su tierra), payaso (el de las bofetadas, no el listillo), mesías de la palabra, traductor (se convirtió en rumiante del verso para saborear mejor que nadie las hojas de yerba de Walt Whitman), español del éxodo y el llanto, exiliado de las dos Españas que le llevaron a perder todas las guerras, náufrago, contador de estrellas, agricultor de insignias y banderas, campesino de soles y de lunas, contramaestre retirado, telegrafista del amor y la canción.

Fue un poeta colosal, argonauta, domador de los leones del «idiomaleones», oficinista enamorado (de su Berta, siempre de su Berta), deshollinador de las chimeneas del alma, poeta continental (América, siempre América, su México siempre tan lindo, siempre tan querido), que puso las barbas a remojar de los dioses de lo falso y de lo hipócrita.

Se llamaba León Felipe y sus versos eran tan largos que siempre los acababa al día siguiente. Dejaba las palabras repartidas por las esquinas del mundo, se regocijaba de vaciar los tinteros por las plazas de las linotipias y de las imprentas, y muchas se las llevó el viento, las fue repartiendo a diestro y siniestro por las estanterías apretadas de revistas y de archivos, tanto que un sinfín de ellas acabaron en paradero desconocido, y hasta ese ignoto paradero han llegado Gonzalo Santonja y Javier Expósito, recopiladores y editores de «Castillo interior» (Fundación Banco Santander, Cuadernos de Obra Fundamental), un libro que reúne prácticamente todo el material inédito que dejó León Felipe. Versiones de poemas y cartas (a su familia, a Camilo José Cela, a su gran amigo Juan Larrea), que ofrecen un nuevo panorama de lo que fue la vida de este hombre de ánimo inquebrantable, de este poeta al que los siglos se le quedaban pequeños.

Papeles volanderos
«Los textos ahora recuperados -explica en las palabras preliminares Gonzalo Santonja-, inéditos o publicados en papeles volanderos de poca difusión y difícil consulta, ilustran y revelan el pálpito y la artesanía de su sistema luminoso de señales (la poesía para el poeta) durante su largo (y fructífero) acontecer mexicano, a partir del momento en que la incivilidad de las circunstancias lo convirtió en exiliado, expulsado de España por Franco y también por el sectarismo torvo que carcomió por dentro la causa republicana».

Estos textos han sido recuperados, continúa Santonja, «a partir del fondo conservado en el Archivo Histórico Provincial de Zamora, propiedad del Ayuntamiento de Zamora, y del epistolario mantenido con Juan Larrea -perteneciente al legado del poeta, cedido generosamente por sus herederos y con la colaboración desinteresada de Juan Manuel de Guereñu-, localizado en la Residencia de Estudiantes de Madrid», lo que consigue que este libro «abra ventanas de claridad al castillo interior de un poeta con biografía de viento y testamento de barro». Como escribió Octavio Paz: «Eres de los pocos que piensan y saben que la poesía no sólo está en el poema sino en el poeta = poema vivo. Y tú ni has entregado a la poesía, ni la has vendido ni la has guardado en casa».

Qué mejor, para acabar, que dejarles con las propias palabras del poeta: «Para mí, la poesía no es más que un sistema luminoso de señales. Hogueras que encendemos aquí abajo, entre tinieblas encontradas, para que alguien nos vea, para que no nos olviden. ¡Aquí estamos, Señor!».

La poesía no es más que oración
«Es verdad que no estoy bien, que tengo setenta y cinco años y que siento cómo todo se me acaba y se me va; mis sentidos funcionan torpemente, se me disuelve la memoria, la vista se me cierra y ya no puedo distinguir dónde está España por ejemplo: ni gustar su fruta ni oler su tierra… se me cansa la voluntad y se me acaba el deseo de vivir. El estar aquí sobre la tierra ya no es negocio para mí…». A Juan Fernández Figueroa (1959)
«Cervantes y Whitman, a pesar de la derrota democrática, son las dos voces más fecundas de la literatura occidental, y su cristianismo dinámico y dionisiaco me parece mejor que la aristocracia nietzscheana (que está pre- gonando Ortega con gritos y gestos de plazuela)». A José Bernadette (1941).
«Amigo Camilo José Cela:
Gracias por todo. Es usted muy bueno. Además de un gran escritor es usted una gran persona. Todos me lo dicen. Estoy muy viejo, casi tan viejo como el rey Lear, y esta cabeza mía funciona ya muy mal. Lo voy perdiendo todo lentamente: la memoria, la cabeza, la energía y las ganas de vivir. Me sostengo a fuerza de drogas que al final me debilitan más y me dejan hecho un guiñapo. Ya no escribo, apenas leo y no puedo opinar de nada. Diría tonterías. Es mejor no hablar ya cuando se es viejo. Mi poesía, salvo los momentos religiosos que tienen un aliento de plegaria, la rompería toda… Estoy avergonzado de haber escrito la mayoría de mis versos. No he sido más que un reportero con un énfasis de energúmeno. La poesía no es más que oración». A Camilo José Cela (1959).



domingo, 25 de enero de 2015

LA CAMISA BLANCA

  

Juan Yáñez  

                             Juanito lucía una camisa blanca. Blanca e impecable que mostraba todas las mañanas, excepto cuando no iba a la escuela.
Al salir de su casa rumbo a sus clases, la camisa conservaba un blanco absoluto, y en el transcurrir del día declinaba esa pureza y el inmaculado aspecto de la prenda se iba transformando poco a poco; se adueñaba de ella un matiz del color de la ceniza.
La camisa como el resto de la ropa soportaba todos los embates que en la escuela ineludiblemente resultan cuando los niños están sanos, plenos de vida y no faltos de exaltación y entusiasmo. 
Al regresar a casa, Juanito cambiaba de atuendo y la camisa como siempre iba a la cesta de la ropa sucia, para que después ya convenientemente lavada, almidonada y planchada se rehabilitara. 
Lo que no sabía Juanito --y menos aún lo sospechaba-- que la camisa blanca con la que todas las mañanas asistía a su escuela, era la única que tenía y no había ninguna otra para reemplazarla.
Evidentemente aquella era la de siempre, la que a diario su madre antes de irse a la cama, con sus manos y su corazón dejaba lista en el espaldar de una silla para cumplir cada mañana una nueva jornada…
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sábado, 10 de enero de 2015

Para qué sirve el teatro. Entrevista Griselda Gambado.


Griselda Gambado recorre en esta charla algunos de los temas que tratan los textos de su último libro, “El teatro vulnerable”: su utilidad, sus sentidos, su debilidad, su capacidad transformadora.

POR IVANNA SOTO . CLARIN Ñ. Escenarios 08-01-2015


Décadas. Gambaro en el jardín de su casa, con el libro que reúne ensayos, conferencias y notas periodísticas producidos a lo largo de cuatro décadas.
                                          Griselda Gambaro dice que toda pieza de teatro es un ajuste de cuentas, un enfrentamiento más o menos inmediato con la sociedad. Desde esa perspectiva, en ella toda escritura es teatral, toda acción es una confrontación. Es que Gambaro ha dedicado su vida a impugnar la vulnerabilidad, siempre del lado de los débiles. Mujer en un teatro de hombres, autora en un medio de autoritarios, cuestionadora en un campo establecido, con las preguntas y las certezas propias de quien ha vivido involucrada, Gambaro pensó el teatro en todas sus vertientes. El resultado es El teatro vulnerable (Alfaguara) , el libro de ensayos, conferencias y notas periodísticas que creó durante gran parte de su vida, desde 1972 hasta la actualidad.

Hay que considerar que muchas apreciaciones que se hacen en el libro están marcadas por el tiempo. Que las afirmaciones responden a épocas pasadas y constituyen pequeños gestos de análisis que parten de su propia realidad, hoy a veces muy distinta y otras, demasiado igual. Las mujeres y el teatro, las crisis periódicas de un arte para muy pocos, la relación entre el autor y la puesta en escena y la arbitrariedad de formatos organizan el libro, dividido en ejes temáticos que discurren y se modifican a medida que avanzan los años.

Mucho dijo, pero también mucho hizo Gambaro. Y no le ha sido fácil. Por eso es sencillo creerle esta tarde de verano cuando asegura, con la tranquilidad de los que saben, que “el teatro es muy vulnerable, pero a la vez es un arte muy fuerte”. Y mientras lo impulsa, lo fortalece. Nos fortalece.

–En varios escritos y conferencias de distintas épocas habla de las insuficiencias del teatro: su escaso interés, sus contradicciones, su tibieza. ¿Cree que son intrínsecas al teatro actual?
–No, no llegan a ser intrínsecas al teatro, yo pienso que es una condición de la sociedad que rodea al teatro.

–¿La sociedad argentina?
–No, no creo que en Nueva York o París sea diferente. Las circunstancias que rodean al teatro son siempre las mismas: la atención a un público que es esquivo, la producción de espectáculos que se engloban bajo el nombre de teatro y no lo son, personas que suben al escenario sin estar preparadas, con un discurso inconsistente, experiencias narcisistas...

–¿Qué espera del teatro?
–Yo cuando voy al teatro pido que se me presente una forma eficaz, que tenga un sentido. Y decir una forma significa hablar de un contenido.

–¿El teatro debe ser transformador?
–A mí me ha transformado el teatro, me ha cambiado mucho en mi manera de ver el mundo.

–En una conferencia señala que su principal aporte al teatro argentino fue emerger como una “ruptura saludable”. ¿Quiere decir que ha transformado?
–Muchas mujeres me han dicho que sentían que yo “las hablaba”. En mis primeras piezas los personajes eran hombres, pero las mujeres vivían en un mundo de hombres que era de crueldad, fingimiento y violencia. Después me di cuenta de la situación de las mujeres. Entonces, a partir de ahí, sin proponérmelo, mi mirada cambió. Y en mis obras posteriores, casi todas mis protagonistas son femeninas. Son mujeres que están colocadas de otra manera en la vida. Las suyas no son grandes propuestas heroicas, majestuosas, solemnes, sino pequeñas actitudes.

–¿Piensa que hay una forma de hacer teatro que sea femenina?
–La forma, como pasa en literatura, es andrógina. No tiene nada que ver con el género, pero si quien escribe es una mujer o es un hombre, todo pasa a través de esa mirada que es masculina o femenina. Eso es inevitable.

–¿Y ese teatro hecho por mujeres debe ser, indefectiblemente, reivindicativo de un lugar social?
–No de manera explícita ni didáctica. Yo creo que ya de hecho una autora femenina va a mirar de otra manera. El teatro ha sido siempre muy patriarcal y con predominancia masculina. Las mujeres siempre han sido habladas para decir “así son” y pocas eran en teatro las mujeres que hablaban de las mujeres. Hoy por suerte ya no sucede. Hay una gran cantidad de dramaturgas, directoras e iluminadoras muy interesantes, porque las mujeres hoy pueden hacer trabajos que antes no hacían. Creo que las condiciones sociales respecto de la mujer en general han cambiado mucho. La mujer ha cambiado mucho y ha conseguido derechos, que no tienen que ver con el teatro, pero han repercutido en el trabajo que hacen las mujeres en el teatro.

–En el libro, por los años 90, menciona que la aceptación de su estética por parte de sus colegas y la crítica fue muy lenta y se pregunta si pudo haberse debido, en parte, a su género. ¿Qué opina hoy?
–Puede ser. Es una pregunta que todavía no he resuelto. Creo que había un pequeño ingrediente de rechazo también referido al género. Yo estrené mi segunda obra escrita, El desatino , en el Instituto Di Tella, en 1965. Fue una obra que desconcertó mucho, en los momentos del brillo más notorio del naturalismo y el costumbrismo, que tenía autores de mucha importancia como Roberto Cossa, Carlos Gorostiza, Ricardo Halac, Germán Rozenmacher... Y además el Di Tella no era visto con simpatía por esos autores que eran de izquierda, y entonces no simpatizaban con esta nueva autora que estrenaba esa obra, en ese teatro, con una forma y un lenguaje completamente distintos.

–¿No había otras estéticas disidentes en ese momento?
–Supongo que sí pero no tan revulsivas. Yo creo que por estar en el momento oportuno, mi voz sonó más fuerte. Y así como cierto público me apoyó incondicionalmente, otro me rechazó de forma total. Y lo mismo me sucedió con la crítica. La gente tomaba partido muy apasionadamente.

–Para el Encuentro de Mujeres en Cádiz en 2010 dijo que le importa “un teatro que sirve, un teatro útil en relación con la contingencia cotidiana”, y que ése es el que ha escrito. ¿Qué significa la utilidad en el teatro?
–El teatro es un arte profundamente imbricado con lo social. Un teatro que sirve es un teatro que no es elitista, ni demasiado críptico, ni superfluo. Un teatro en el que quien vaya a verlo reciba un destello que lo ilumine, placer, ideas o imágenes que lo enriquezcan, aunque sea mínimamente. Porque si no, ir al teatro, pagar una entrada y salir como uno entró, sin hacer un pequeño descubrimiento o recibir placer, no sirve. Creo que a través de la estética del teatro pude decir no a la corrupción, a las dictaduras, al olvido de la memoria colectiva, desde lo teatral y lo no teatral. Y eso se lleva a la vida cotidiana.

–En el último texto del libro se refiere a la actualidad y menciona que la proliferación de salas en Buenos Aires “privatizó” los alcances del teatro. ¿Piensa que la buena salud teatral asociada a la amplia posibilidad de experimentación es sólo para sí y no llega al público?
–Yo no creo que la proliferación de salas aumente el público, porque por lo general son salas muy chicas regidas por el boca a boca de amigos. Y yo creo que el teatro no es para unos pocos, sino para muchos. Y tantas salas, todas haciendo su pequeño trabajito... está bien que eso se contrapone con gente que trabaja de otra manera, con otra medida, con menos urgencia. Lo que menos quiero es desestimar a esos artistas que trabajan en silencio durante varios años y luego surgen con un espectáculo realmente valioso. Pero lo que me provoca cierto escepticismo son esos espectáculos que se hacen rápido, se dan para poco público, en general conocido, y entonces no pueden ir nunca más allá.

–También hace referencia a una arbitrariedad de formas que apuntan hacia la generación de actividad en el espectador que no irían en pos de una renovación.
–Para mí es muy superficial creer que el espectador, porque va a un teatro a la italiana, se sienta en una butaca y se queda quieto durante el espectáculo, es un espectador conformista, dormido, sin interés. Y es muy infantil y muy ingenuo creer que, porque el espectador se mueve, interviene en el espectáculo o se acuesta con los actores, se moviliza más. Yo pienso que si una persona es tonta, por más que intervenga en el espectáculo, seguirá siendo tonta. Y si está sentada en una butaca, va a tener la misma cantidad de tontería. Es muy fácil: si alguien me da un bofetón, me va a dar incomodidad. La gente se conforma con poco, porque ya en mi juventud pasaba eso: creer que una agresión directa moviliza al espectador. ¡Pero por supuesto que lo moviliza! Si uno recibe un bofetón, una trompada o le ponen el pie para que se caiga, se va a movilizar. ¿Pero son los modos? ¿Es el camino? Por lo menos habría que preguntárselo. Yo odio que el espectáculo se dirija a mí personalmente. Quiero tener mi anonimato de espectadora. Ese es uno de los sentidos del teatro: somos todos anónimos y somos todos protagonistas de eso que se está haciendo en el escenario.

–Después de Al pie de página y ahora El teatro vulnerable, ¿le quedan más textos no ficcionales para publicar?
–Me quedan algunas reflexiones sobre literatura... pero ya no tengo ganas. ¡Que sean póstumos!

–¿Piensa en eso?
–No... (duda y luego ríe), aunque sí pienso que hay que dejar cosas póstumas un poco sólidas y, si no, romper todo, porque la familia es implacable con lo que queda. ¡Publica todo! De todos modos yo tengo muy poca cosa que es inédita. Tengo dos textos de televisión, una ópera musical, pero no son textos vergonzosos. Que a mí no me interese moverlos o editarlos es otro asunto.

–¿Le preocupa el futuro?

–Me da cierta tristeza, dada mi edad. Porque uno quisiera, sueña con dejar el mundo mejor de lo que lo encontró al nacer. Y está igual o peor, por tanta falta de sensatez en los políticos, tan poco cuidado de la tierra, el mar y las cosas que realmente importan en la vida. El siglo pasado fue un siglo espantoso. Y el 2000, ¡dios mío! ¿Es posible? Esa especie de continuum es un poco triste. Pero me alegro de otras cosas, la situación en Bolivia y Ecuador; aunque me apena mucho lo que está pasando en México. Lo que realmente quisiera es dejar una humanidad más feliz. Aunque sea un poquito más feliz.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Walt Whitman y sus ‘Hojas de hierba’ para el siglo XXI



La obra maestra del poeta estadounidense se edita íntegra en una nueva traducción, en edición bilingüe y junto a una selección de su prosa y de sus diarios de guerra.

Pongámonos de pie. Por JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS
Un poeta histórico. Por ANTONIO GAMONEDA
WINSTON MANRIQUE SABOGAL Madrid 21 NOV 2014 

El poeta Walt Whitman (1819 - 1892). 
“Yo me celebro, / y cuanto hago mío será tuyo también, / porque no hay átomo en mí que no te pertenezca”. Y un nuevo mundo se abrió con estos versos de Canto de mí mismo. Ciento cincuenta y nueve años separan este comienzo del libro Hojas de hierba, que Walt Whitman terminaría en 1892, tras nueve ediciones y un total de 389 poemas, de esta época que no cesa de ser polinizada por su voz y sus ideas sublimes. Una obra maestra que ahora se puede leer íntegra en un lenguaje actualizado, en edición bilingüe y traducida, por primera vez, por un autor español (las conocidas son de latinoamericanos), que incluye los prólogos o textos introductorios que escribiera Whitman en todas sus ediciones, más una selección de sus prosas y del diario que llevaba como enfermero de campaña durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Todo ello presidido por un texto que funde la biografía del poeta estadounidense con su clásico universal y con la de este mismo volumen. El encargado de este trabajo monumental ha sido del poeta y filólogo Eduardo Moga (Barcelona, 1962), bajo el sello de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

Treinta y tres años tardó Whitman (1819-1892) en completar la “autobiografía de todo el mundo”, como dijera Gertrude Stein. Una epopeya norteamericana y de la vida, íntima, soñada y pública, que resuena llena de realidad y promesa.

Llevó a la gente a reencontrarse consigo misma. Y se convirtió en un guía que abriría insospechadas rutas literarias.

Autoproclamado “Soy poeta del Cuerpo y soy poeta del Alma”, su obra empezó a ser conocida en 1855 con doce poemas sin título, y terminó en 1892, con 389, pocos meses antes de su muerte. “Un crecimiento orgánico, mediante oleadas sucesivas o estratos superpuestos, que era coherente con el crecimiento personal del autor y con el histórico de la nación, y que condecía con la naturaleza dispersa, orbicular, del proyecto whitmaniano”, escribe Eduardo Moga en el volumen.


Portada de la nueva edición de 'Hojas de hierba'.
Dos años y medio tardó el escritor español en traducir este clásico. Las anteriores ediciones completas son de escritores latinoamericanos, y otras parciales entre las que brilla la de Jorge Luis Borges. Enfrentarse a Whitman y a ilustres traductores, reconoce Mogan, ha sido un proyecto colosal y arriesgado, “un trabajo muy duro por la complejidad del pensamiento del poeta, su sintaxis y que genera unos poemas, no todos, extensos”.

Un poeta que crea un nuevo vocabulario, que se inventa cosas, neologismos, ideas filosóficas o religiosas, cuya correspondencia para dar en español no es fácil, confiesa Moga. “Por otra parte”, agrega el traductor, “es un poeta oratorio y enumerativo que, a menudo, entra en sucesiones de imágenes que se van engarzando, y esas cláusulas, a su vez, se ramifican y se subdividen. Todo ese trabajo hay que traducirlo sin que se pierda el sentido y mantener la coherencia global y sintáctica”.

La originalidad de Walt Whitman, escribió Harold Bloom en El canon occidental, “tiene menos que ver con su verso supuestamente libre que con su inventiva mitológica y su dominio de las figuras retóricas. Sus metáforas y sus razonamientos rítmicos abren un nuevo camino de una manera aún más eficaz que sus innovaciones métricas”.

Poeta del Yo y del Nosotros. Poeta que invoca y recuerda la dualidad, el binomio del ser humano: hombre y Dios; cielo y tierra; inmortalidad y mortalidad; ternura y erotismo; alegría y tristeza; realidad y sueño; pasión y serenidad; rostro y máscara; prosaico y sublime; dionisíaco y apolíneo; luz y oscuridad; difícil y sutil; carnal y platónico; antiguo y presente; milagro y naturaleza…

Una voz que no ha dejado de sonar. Una voz que renació cuando el 5 de marzo de 1842 asistió como periodista de la revista Aurora a una conferencia de Ralph Waldo Emerson en Nueva York titulada El poeta, donde, palabras más, ideas menos, venía a decir que los poetas son quienes dicen, nombran y representan la belleza como “dioses liberadores”, y que él ha buscado en vano en su país.


Primera edición de 'Hojas de hierba', de 1855.
Ese primer soplo inspirador quedó en Whitman dando vueltas, creciendo, hasta que en 1850 empezaría a escribir sus poemas bajo la búsqueda de ese nuevo edén, cuyo primer libro financió él mismo, cinco años después.

Poeta que canta a la democracia, que crece con su país, que canta a las necesidades del nuevo mundo. Su voz corrió como el viento que lo removió todo. Reflexivo y cautivador. Que cantó a la libertad, a lo íntimo, a los deseos, a la desgracia de la guerra, a los hombres y a las mujeres, aunque, escribe Bloom en su famoso libro del canon, "su impulso más profundo fue el homoerótico". Pero su poesía, "rehúsa reconocer cualquier demarcación sexual, al igual que rehúsa aceptar cualquier línea fortificada que divida lo humano y lo divino".

Whitman dijo que era un libro eminentemente religioso pero no entendido como propio de los credos cristianos sino por la relación que espera establecer por la divinidad, recuerda su traductor: "Esa figura del dios supremo que no se identifica pero representa el espíritu del universo, su viaje a la naturaleza, al ánima de la naturaleza es a lo que pretende llegar".

Whitman es poeta de todos los tiempos y tradiciones. Para la colombiana María Gómez Lara, reciente ganadora del Premio Loewe de Poesía Joven, el trabajo de Whitman "ha construido paradigmas de innovación y expresión poética en todas partes del mundo, ha abierto múltiples caminos dentro de un espectro muy amplio, similares y también muy distintos de su propia búsqueda, de su voz han salido tantas voces. Whitman intuía en sus versos que su yo contenía multitudes, tenía una visión cósmica, abarcadora, una identidad que viajaba del universo a la tierra en los zapatos. Y entre los muchos Whitmans a mí me arrastró ese yo que se encontraba en la tierra: pensé en la materialidad que la poesía podía lograr. Tal vez, justamente en la era de la imagen, sea cuando más valga la pena recordar que el lenguaje llega todavía más allá, hasta la piel. Pensé en lo táctiles que son a veces las palabras, casi pude tocar esa voz de largo aliento, sensorial, consciente de su respiración. Como lectora quise perseguir ese tacto".


Hasta ella, y a millones de personas, llegó 159 años después de ser escrito aquel canto con el que Whitman cierra su primer gran poema: “Si no das conmigo al principio, no te desanimes. / Si no me encuentras en un lugar, busca en otro. / En algún sitio te estaré esperando”.

sábado, 1 de noviembre de 2014

La metáfora

Vicente Gerbasi
          Para el poeta la metáfora es el medio por el cual le es permitido erigirse en mago, en creador. La metáfora eleva la palabra a una dimensión feérica. 
Por ella las percepciones, las vivencias, los objetos se transmutan en representaciones animadas. La metáfora es un juego mediante el cual el espíritu realiza su secreto y sagrado anhelo de transformar y crear. Una bella metáfora es un milagro, y viceversa. Si mal no recuerdo, nuestro gran poeta Andrés Eloy Blanco decía en cierta ocasión que Cristo, al multiplicar los panes, había hecho una metáfora.

En el campo de la ciencia también aparece la metáfora. El hombre ha logrado transformar la energía en luz eléctrica, en maravillosos avisos luminosos que transforman las noches de las urbes en alucinantes movimientos de colores siderales. Ha captado las ondas hercianas para traernos a un apacible rincón de nuestras casas los sonidos y las imágenes de países lejanos. Ha desintegrado el átomo para ponerlo al servicio de la muerte o del progreso.

Cuando un poeta logra una metáfora, multiplica, desintegra una serie de elementos y los reintegra en un mágico movimiento del lenguaje, en el que intervienen el color, la forma, la música, formando una unidad imprevista. La metáfora, que está formada con elementos de la Naturaleza, con vivencias que la Naturaleza y la existencia le han ofrecido al poeta, no copia la Naturaleza. Es diferente a ella porque la recrea.

Si el lenguaje es el don primordial que el hombre ha heredado corno la más alta forma de superación de la Naturaleza, la metáfora es la más alta forma de superación del lenguaje. Es por ella que el poeta logra poner en juego su mundo vivencial y representar la Naturaleza en una dimensión de encantamiento.

La metáfora, que siempre se abre y se cierra a manera de arco diríamos de arcoiris aparece siempre con su propia atmósfera enigmática. Por eso ha de prescindir del lenguaje lógico. Sus matizaciones, ya sean de color, de forma, de sonido, han de ser expresadas con palabras que escapan a la lógica corriente. La metáfora es una invención, una creación que posee su propia lógica.
Huizinga, en su obra Homo Ludens, nos dice: "Lo lírico se halla lo más distante de lo lógico y lo más cercano de la danza y lo musical. El lenguaje de la especulación mística, del oráculo y de la hechicería, es lírico. En estas formas experimenta el poeta con mayor fuerza la sensación de una inspiración que le viene de fuera. Es cuando está más cerca de la sabiduría suprema, pero también de la insensatez". Emile Faguet habla una vez del granito de sinrazón que necesita la moderna lírica. Pero esto no se aplica solamente a la lírica moderna, sino que constituye la esencia de la lírica el moverse de los vínculos del entendimiento lógico. Un rasgo fundamental de la figuración lírica es que propende a la exageración desatinada. La poesía tiene que ser exorbitante. Las fantasías de los enigmas cosmogónicos y místicos del Rigveda y el lenguaje figurado de Shakespeare, que había recorrido todos los caminos de la tradición clásica y de la alegoría, y había conservado, sin embargo, el ímpetu del vate arcaico, coinciden en imágenes locamente atrevidas".

La metáfora aparece en un momento de creación, o de lo que se ha llamado tradicionalmente inspiración, es decir, en un momento de embriaguez del alma, de locura, en esa sucesión de "instantes" en la que le es permitido al poeta manejar la alquimia del lenguaje. Así corno el pintor desconoce en la paleta los colores para dar las pinceladas que habrán de constituir la armonía, la melancolía, el contrapunto de su obra, así el poeta, mediante la metáfora, descompone los elementos para constituir la unidad creadora del poema.

La metáfora, dentro del poema, es corno una sucesión de relámpagos que iluminan un mundo nocturno.

(Vicente Gerbasi/ La Rama del Relámpago/ La Metáfora)



  1. Vicente Gerbasi; 2 de junio de 1913 - Caracas, Venezuela; 28 de diciembre de 1992 fue un escritor, poeta, político y diplomático venezolano, considerado el poeta contemporáneo venezolano más representativo y ... Wikipedia

lunes, 11 de agosto de 2014

Hallan cuatro documentos inéditos sobre Cervantes, uno con autógrafo


Alfredo Valenzuela / EFE agosto 11, 2014 EFE

Cuatro documentos inéditos relacionados con Cervantes, uno de ellos con un autógrafo del autor del Quijote, y que ofrecen nuevos datos sobre su vida, como que fue cobrador de impuestos, fueron hallados en archivos de Sevilla y de la cercana La Puebla de Cazalla.

Archivero de La Puebla de Cazalla (sur de España), el investigador José Cabello Núñez, responsable de los hallazgos, explicó a Efe que encontró el primero de estos manuscritos en el archivo municipal de esta localidad sevillana, y que se trata de un convenio entre el Ayuntamiento y el propio Miguel de Cervantes para que este pudiera efectuar la requisa de trigo y cebada como comisario de la Hacienda Real.

Ese primer documento, según el investigador, es de marzo de 1593, fecha en que, sin embargo, los biógrafos de Cervantes lo ubican en la ciudad de Sevilla sin ejercer ninguna actividad.

El manuscrito menciona igualmente que Cervantes trabaja para el proveedor de la Flota de Indias Cristóbal de Barros, nombre que, según Cabello, tampoco figura en las biografías del escritor.















Al mencionar el manuscrito la Flota de Indias, Cabello recurrió al Archivo de Indias de Sevilla, donde halló otros dos documentos que tampoco habían sido estudiados, uno que sitúa a Cervantes en la Puebla de Cazalla entre febrero y abril de 1593 como comisario de abastos y otro que deja constancia de que el salario de Cervantes era entregado a una mujer llamada Magdalena Enríquez.

Por último, Cabello encontró en el Archivo de Protocolos de Sevilla el poder notarial por el que Cervantes, en efecto, facultaba a Magdalena Enríquez para cobrar sus honorarios como comisario de Abastos, que es el documento que lleva la firma del escritor.

Para el investigador, este último es el hallazgo de más valor desde el punto de vista biográfico, ya que aseguró que los biógrafos de Cervantes no citan a Magdalena Enríquez, quien debió de tener una relación de confianza con el escritor, hasta el punto de que la autorizara para cobrar su salario.

Según Cabello, en aquella época las mujeres no estaban autorizadas para realizar transacciones sin el consentimiento de un hombre, a no ser que fuesen viudas, por lo que consideró a Enríquez una figura digna de estudio para aclarar su relación con Cervantes.

Otra línea de investigación que deben abrir estos hallazgos, según Cabello, es sobre los servicios prestados por Cervantes a la Corona, ya que hasta ahora no había constancia de su trabajo a las órdenes de Cristóbal de Barros.

El investigador explicó que Cristóbal de Barros y Peralta, entonces proveedor general en la Casa de Contratación de Sevilla para los galeones de la Armada y Flotas de la Carrera de las Indias, es considerado como el mejor constructor de navíos de guerra del reinado de Felipe II y artífice de la organización técnica de la escuadra española vencedora en Lepanto y de la Armada Invencible.

Barros ostentó también el cargo de Superintendente de Fábricas, Montes y Plantíos de la Costa Cantábrica y tras ser nombrado fabricante mayor, pasó a Sevilla en el año 1592 como proveedor general de la Flota de Escolta de las Indias, y permaneció en la ciudad hasta su muerte en 1596.

José Cabello tiene previsto publicar un artículo explicando estos hallazgos en un volumen que, con el título de “Trigo y aceite para la Armada, el comisario Miguel de Cervantes en el Reino de Sevilla”, reunirá aportaciones de archiveros e investigadores de la provincia sobre la labor como comisario de abastos de Cervantes en La Puebla de Cazalla, Marchena, Osuna, Écija, Sevilla y Carmona, donde se conserva otro autógrafo de Cervantes hallado hace un siglo.


Cervantes llegó a Sevilla cuando la ciudad era capital económica de un imperio y una de las ciudades más importantes y pobladas de Europa, además de puerto de Indias, si bien sus gentes vivían en penosas condiciones, como el escritor describe en algunas de sus novelas, y fue también en la cárcel de Sevilla donde cumplió condena por irregularidades en sus tareas recaudatorias. EFE